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Thursday, July 31, 2008

La nostalgia

-La nostalgia, dice Roland, es una enfermedad. Se agarra a las paredes del corazón y apelmaza la sangre y las ideas. Se puede combatir de muchas maneras, pero la más eficaz es regresando a casa.-

El último libro de Sergi Pàmies

Saturday, June 09, 2007

Te Dejo Madrid

Al final ha llegado el momento. La hora de despedida a todos mis mejores amigos. Aunque es muy problable que nos crucemos otra vez en algún punto de nuestro camino, la despedida nunca ha sido la cosa que se me da bien.

Simplemente quiero recordar a mis mejores amigos, a los que he tenido suerte de conocer y con los que he podido pasar buenos y malos momentos, que os quiero mucho y siempre me acordaré de vosotros.

Aunque, esta vez sí, me toca dejar Madrid para seguir adelante, pero me llevaré lo mejor que mi estancia me ha ofrecido, la amistad.

Mil besos,
Mod

Friday, June 08, 2007

Mirar Hacia Atrás

La primera memoria que tuve sobre España era la tierra rojiza y árida que se extendía infinitivamente hacia el horizonte. Estaba volando en algún punto entre Valencia y Madrid y me dije "¿Este es España? No parece Europa. No hay muchos árboles verdes. Mmmm, no es nada como esperaba".

Al aterrizar el avión, a través de la ventanilla, veía cómo los edificios de ladrillos naranja me daba la bienvenida y me dije "Hasta los edificios tiene el mismo color que la tierra. ¿Sobreviviré aquí?"

Las primeras comidas en el colegio Africa me daban miedo. No conocía a nadie, menos a un tailandés que estaba a punto de irse. No se me daba muy bien socializar con la gente. No me atrevía a saludar a otros becarios, también recién llegados.

La primera persona a la que me presenté en el comedor era Dixie, una filipina muy maja. Y con ella, iba conociendo a más gente, tanto interesante como no, hasta a todos los que habitaban el colegio.

En las primeras semanas, sentado en el escritorio, observaba el calendario anual que había dibujado en mi libreta pensando "¿Qué estaría haciendo en mayo 2005?", "¿En 2006 mi español alcanzaría al nivel que aspiro?", "¿Qué tipo de clases tendré en ese cuatrimestre?" y "¿En qué pensaría el último día de mi estancia en España?".

Las primeras clases me hacían sentir como si fuera otra vez un niño pequeño. Sentía el mismo miedo de lo que podría pasar en la clase, de las posibles preguntas que me harían los profesores, de los compañeros de clase que no me hacían caso. Me pregunté "¿Cómo seríamos nosotros cuando termináramos este curso?" y me contesté "Muy diferentes que ahora llegaríamos a ser. Siempre es así."

Al pasar el tiempo, conocía la ciudad cada vez mejor y me sentía cada vez más a gusto. Fue como si me hubiera aceptado con todo su corazón. No me di cuenta desde cuando me había enamorado de Madrid. No fue un flechazo, sino un amor que tardaba en llegar. Mejor así.

Dicen que el tiempo pasa volando y es verdad. Siempre aguardaba mi futuro regreso a mi tierra, mirando hacia adelante, hacia lo que sería de mí al pasar el tiempo, hacia lo que me esperaba y... de repente aquí estoy... mirando hacia atrás, con toda la nostalgía, que es feliz y triste a la vez.

Thursday, April 19, 2007

Así Empezó La Despedida

Hace unos días empecé a despedirme de Madrid. Salí de paseo para decir Adiós a las calles en que, durante tantos años, había pisado y pasado, a los sitios que tanto frecuentaba, acompañado y solo. Aún me quedan varios lugares donde dar la última visita, de eso no tengo prisa, que tengo un mes y medio para hacerlo.

Todo comenzó el domingo pasado. Salí emergiendo del metro Tirso de Molina, encontrando al mercado al aire libre en pleno día lleno de muchedumbre alegre. Caminaba a ritmo relajado hacia Sol y luego Sevilla para alcanzar al Retiro, donde había quedado con Por, una amiga tailandesa.

Disfrutaba ver cómo los turistas exploraban cada rinconcito del Madrid de los Austria con los ojos curiosos y cómo los madrileños gozaban del sol primaveral. Prestaba más atención a los detalles minuciosos que nunca antes había notado. Observaba la belleza arquitectónica de la parte más alta de unos edificios antiguos más importantes del centro, que tantas veces había pasado pero nunca tenía interés suficiente para detenerme a contemplarlos. Me fijaba más en la gente que se me cruzaba en la calle; cómo venía vestida, en qué hablaban, cómo sonreían, qué miraban, cómo aprovechaban el descanso dominical y qué le interesaba. En el Retiro me reuní con Por y juntos dimos un paseo muy largo pero ocioso por el parque, dando comentarios sobre temas propios y ajenos.

Las cosas que damos por bien conocidas no siempre lo son al verlas desde otros puntos de vista, desde otros ángulos. Aquella tarde me sentía tan extraño como en el primer día de mi estancia en esta ciudad. Era como si nunca hubiera estado en este metropolitano. Me parecía un lugar desconocido cuyos misterios aún se quedan por descubrir. Quizá fuera una sensación que solo una persona a la que le toca dejar el sitio que tanto tiempo ha vivido puede sentir. O quizá fuera simplemente una impresión (pre)nostálgica.

Fuera lo que fuese, a partir de aquel momento, empecé ya a echar mucho de menos de todo lo que me ofreció y ha ofrecido esta ciudad encantadora llamada Madrid.